De nuevo a viejo

25 Ene

GABRIELA MORALES BENÍTEZ

If it keeps up, man will atrophy all his limbs but the push-button finger.” – Frank Lloyd Wright

En los últimos 50 años, los avances tecnológicos han tenido un desarrollo exponencial, al punto en el que cada vez es más difícil seguirles el ritmo. Lo “nuevo” deja de ser novedoso a los 6 meses y la palabra viejo no existe, hoy se le llama obsoleto.     

En el siglo XIX teníamos telégrafo. Aún cuando no todos tenían acceso a él, surgió el teléfono. En 1920 llega la radio, conviertiéndose en el medio masivo por excelencia. En los años 30, la televisión. 1954, la televisión a color. En los 80 aparecen los primeros celulares. A fines de los 90, el internet. En el siglo XX, los teléfonos móviles hacían posible el acceso a cada medio antes mencionado a través de sus redes (los llamados “smartphones”).

Para cuando mi abuela nació existía la radio y la televisión. Existía un radio en cada casa. No se oía muy bien, había estática, existían pocos canales y la programación de ése entonces, hoy nos puede hacer reír. Podías escuchar noticias, radionovelas, entrevistas, o programas de concursos. Las transmisiones eran largas y los comerciales aún más. Todo era en vivo. La radio gozaba de inmensa popularidad mientras que la televisión era en blanco y negro y carísima. Ya para cuando se volvió más accesible para el público, la lanzaron a color. Un ejemplo más de la rapidez con la que se han dado los desarrollos tecnológicos.

Mi abuela recuerda haber seguido importantes eventos a través de éstos medios, la Segunda Guerra Mundial, La Guerra Fría, La Carrera Espacial, la Crisis de los Misiles, la Guerra de Vietnam, entre otros.

A mi abuelo, por otro lado, le encanta tomar fotos y vídeo, pero se rehúsa a entrar a la era digital. Sigue utilizando una videocamara, tiene más de 500 cassettes con grabaciones de todo tipo y no abandona su cámara de rollo, por más obsoletos que éstos sean. De alguna manera guardan una especie de significado para él. No es sólo el hecho de que las nuevas tecnologías estén tan modernas que se les complica utilizarlos, sino que también guardan un valor sentimental para ellos. Es lo que queda de aquellos tiempos, todas sus memorias las tiene en el mismo formato y no piensa cambiarlo. Incluso los aparatos de la cocina los han rebasado en modernidad.

Cuando yo nací existían los cassettes tipo BETA, unos años después apareció el VHS, luego llegó el DVD y ahora tenemos el Blu-Ray. Indudablemente la calidad de las películas y vídeos es excelente y no deja de sorprendernos, pero nos forzan a adaptarnos a estas nuevas tecnologías, cuando debería ser al revés. Cambiamos nuestros teléfonos celulares cada año porque es lo que indica el contrato, la realidad es que cada 6 meses lo que era “nuevo” ya no lo es.

Mi hermana tiene 9 años. Nació en la era del Blu-Ray, Apple, la tercera dimensión y el Wi-Fi. Ella jamás sabrá lo que costaba conectarse internet. El tener que dejar de utilizar el teléfono para que sirviera la conexión y el sonido que hacía al iniciarse.

De cierta manera estos nuevos medios nos han facilitado la vida, en algunas ocasiones podríamos decir que demasiado. Nos hemos vuelto flojos, la convivencia familiar hoy se reduce a la hora de la comida, hemos perdido la capacidad de sorprendernos, vivimos a la expectativa, no queda espacio para lo viejo y lo que alguna vez fue parte de nuestra vida diaria hoy forma parte de exposiciones en museos.

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