Un mundo de ficción lleno de realidades. Entrevista a Isabel Allende.

30 Ene

Tamara López Díaz González

 

 Con una familia como la suya, Allende casi no necesita usar su imaginación: ellos la proveen de casi todo el material que necesita para sus novelas. Muchos de sus familiares han servido de modelo para personajes de sus historias; sus abuelos, por ejemplo, se convirtieron en Esteban Trueba y Clara del Valle en “La casa de los espíritus”.

Isabel Allende una mujer que nació en Lima Perú, con un alma insaciable, un espíritu guerrero y con unas ganas impresionantes de contarle al mundo sus vivencias de manera audaz y con cierta pisca de fantasía, se encuentra sentada frente a mi, con una taza de té caliente, un peinado sencillo, vestida elegantemente, cuza las piernas y comienza a ver mi rostro lleno de preguntas, sabe que estoy a un solo paso de abordar nuestro tema de conversación. Ella solo sonríe y eso da pauta para que la gran aventura comience.

 

Señora Allende dije – Cuando sabe exactamente en que momento publicar sus novelas­­? Pues veras, en 1981 recibí la noticia de que mi abuelo, al que adoraba, estaba a punto de morir. Era el día 8 de enero, y la carta que comencé a escribirle resultó ser el inicio de mi primera novela, “La casa de los espíritus”. Desde entonces, cada 8 de enero empiezo una nueva novela. Fue un libro muy afortunado, de modo que consideré propicia aquella fecha. Es una cuestión de superstición, pero principalmente de disciplina. En este trabajo no tienes fecha de entrega ni jefe. Tienes que imponerte la disciplina tú misma, si no nadie lo hará.

 

Tiene usted algún lugar especial en donde desarrolla sus novelas? Que piensa usted que necesita para que la inspiración comience a llegar?

Actualmente escribo siempre en un estudio de Sausalito, que es una cochera que mi marido arregló, en silencio, en soledad, con las velas prendidas, con mis libros, con las fotografías de las personas que amo, pero eso es el ideal, si uno tiene la necesidad de escribir… es como la necesidad de hacer el amor: lo haces detrás de la puerta en cualquier parte”. Efectivamente, mis primeros libros nacieron en lugares de lo más diverso.

 

Que significo para usted el periodismo? Durante el largo tiempo que lo ejercí -desde los 17 hasta los 33 años- su práctica me dio la sensación de que yo era parte de un colectivo, de que mi casa era mi país, de que todo lo que ocurría en la calle se relacionaba conmigo, de que cuanto les sucedía a los demás era mi cuento; de que yo tenía derecho a tocar el timbre de una casa, meterme dentro y hacer preguntas, de que estaba autorizada para detener a un desconocido a media calle e interrogarlo acerca de cosas personales; de que no existían fronteras entre los demás y yo. Esto hacía que me sintiera envuelta, protegida por el más primitivo concepto de la comunidad. Después de que abandoné mi trabajo periodístico y de que salí de Chile, nunca más he vuelto a tener esa sensación. Ya no me siento parte de mi comunidad.

 

Usted ha explicado que no le costo saltar del periodismo a la literatura porque era una reportera fantasiosa que le gustaba crear nuevas realidades, es cierto? Era una periodista muy poco objetiva. Tengo opiniones fuertes y me resulta muy difícil disimularlas. Cuando entrevistaba a alguien, ponía en su boca las cosas que me interesaba que dijera. Cuando no tenía una noticia importante, o cuando el entrevistado era poco hablador, le echaba imaginación. Siempre usaba el humor como instrumento periodístico, y cuando hay humor hay más flexibilidad, las personas son más tolerantes. Iba a las entrevistas con una idea concreta sobre lo que quería que me dijera el personaje. El periodismo objetivo es la mentira más grande. El primer condicionamiento es el medio donde trabajas. Por otra parte, tú también tienes ideas que, muchas veces, son puros prejuicios. Yo he escogido a determinados entrevistados porque sabía que, si les formulaba tal o cual pregunta, dirían lo que yo quería. Eso no es objetividad, es manipular la realidad. Nunca pude hacer periodismo objetivo, y eso me costó el puesto cuando llegaron la dictadura de Pinochet y la censura.

¿Aprendió alguna cosa que le haya sido útil como escritora? Muchas. Primero, el uso adecuado del lenguaje. Como periodista, tienes poco tiempo y poco espacio. Cuando el periódico o la revista publica tu artículo, el lector tiene otros veinte para escoger. ¿Por qué va a ser el tuyo? Porque le agarras con la primera frase, o con el titular, o con la entradilla… lo agarras por el cuello y ya no le vuelves a soltar. ¿Cómo se consigue eso? Con la noticia que tienes, naturalmente, pero también con el modo en el que cuentas esa noticia. El primer párrafo tiene que ser como una luz de neón, y el último, un final tan concluyente y tan brutal que la persona quiera leer todo lo que le ha precedido. Otra cosa que aprendí fue a hacer una entrevista. Muchos de mis personajes surgen de la vida real. Hay escritores que prescinden de esta parte fundamental de su trabajo: para escribir sobre una cosa has de conocerla bien. Además de investigar el tema, tienes que encontrar gente que haya vivido la experiencia. Una vez Neruda me dijo: “Jamás dejaría que usted me entrevistara. Es usted la peor periodista de este país. Miente todo el tiempo y es incapaz de ser objetiva. Se pone en el centro de todas sus historias. Y además estoy seguro de que si no tiene una historia, se la inventa… ¿Por qué no se dedica a la literatura, donde todos esos defectos son virtudes?”. No me tomé en serio la sugerencia, pasaron muchos años antes de que me convirtiera en escritora.

 

¿Cual ha sido el libro que más le ha costado escribir? Paula”. El que me salió más fácilmente fue “La casa de los espíritus”, porque no tenía ninguna ambición, ninguna expectativa, ni la menor idea de lo que estaba haciendo. Había en el proceso una especie de virginidad, una gran inocencia que nunca más he vuelto a tener.

 

¿No se toma en serio la literatura? ¿Se ríe de ella? Trabajo seriamente, pero no la tomo en serio. Cocino seriamente, pico muy bien la cebolla y las lechugas, pero no me tomo la cocina en serio. Y lo mismo hago con la literatura. Escribo meticulosa y pacientemente, pero no creo que la literatura en sí sea nada serio ni importante para nadie. Antes iba a congresos de escritores y oía a los escritores hablar de sí mismos, de su trabajo, de su obra, y me daba vergüenza ajena. Me picaba la piel. Eso de darse autobombo, eso de hablar de sí mismo como de creadores y de su trabajo como la obra… me daba vergüenza. Y no soportaba que se analizaran unos a otros y se echaran flores, eso es vergonzoso. No creo que la literatura sea un fin en sí misma. No creo en el arte por el arte. No tengo ningún respeto por la literatura y la trato con la mínima solemnidad. Para mí, la literatura es una manera mágica de atrapar a alguien por el cuello y decirle: “mira, así estamos, esto es lo que existe”.

 

NOTA- Esta es una entrevista ficticia hecha para una clase de periodismo, las respuestas son confiables y verdaderas. Respuestas dadas por la señora Isabel Allende en otras entrevistas.

Lugares de donde se tomo referencia para el ejercicio de la entrevista.

http://www.clubcultura.com/clubliteratura/clubescritores/allende/entrevista_compartimento.htm

Ignacio Carrión, en “El País Semanal”, nº 145, 28 de noviembre de 1993.

http://cnnespanol.cnn.com/2011/10/09/isabel-allende-los-escritores-son-gente-rara/

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