No hay excusa, la información nos llega demasiado fácil.

18 Abr

Por Estefanía Cabrera

Una de mis cosas favoritas durante la infancia era ir a casa de mi abuela. No era por sus mimos o porque siempre tenía algo bueno para comer, si no por todas las cosas que encontraba en su casa. Me maravillaban todas las antigüedades que había en su casa, como su tocadiscos, los discos de vinil de Richard Wagner, una televisión de bulbos y su teléfono gris de disco. Si le preguntara a un niño de diez años si sabe lo que es un teléfono de disco, o si ha visto uno, probablemente me diría que no. Es interesante cómo los objetos que un día sirvieron para comunicar a miles de personas hoy forman parte de tiendas de antigüedades o museos.

Mi abuela llegó a México en 1938, poco antes de que terminara la Guerra Civil Española. Cualquier persona de mi edad pensaría que para hacer un viaje de España a México, se tendría que viajar en avión, sin embargo mi abuela, sus padres y sus hermanos viajaron en barco, como cualquier persona durante esa época. Después de llegar a Tampico, se trasladaron a Ciudad Valles, donde mi abuela vivió durante su infancia y adolescencia. Desafortunadamente para la familia, José Ortiz, mi bisabuelo, tuvo que volver a España, ya que él apoyaba al bando de los sublevados, también conocido como bando franquista.

“La única forma que teníamos de comunicarnos con mi papá era por correo. Las cartas tardaban semanas, hasta meses en llegar, y era muy difícil saber si mi papá recibiría las cartas. No sabíamos si estaba en Zaragoza, donde nosotros vivíamos, o si ya estaba en algún otro lugar. Una vez nos mandó una carta desde Alemania, y nosotros seguíamos mandándole cartas a nuestra dirección en Zaragoza. La verdad es que tuvimos mucha suerte de poder comunicarnos con él durante todos esos años.” Mi abuela, sus hermanos y su mamá se quedaron en Ciudad Valles mientras mi bisabuelo estaba en Europa. Pasaron más de tres años antes de que se pudieran reunir en México. “Mi mamá le mandó dos o tres fotografías de nosotros. No era muy común que las personas tuvieran cámaras fotográficas. Ahora tú traes una en tu teléfono, otra en tu computadora y una cámara de verdad. Yo tuve mi primera cámara en los setenta, cuando tu papá era niño.” Comentó mi abuela. Para ella, es increíble que ahora se pueda “tomar fotografías hasta con un teléfono”.

“Mi papá no quería que fuéramos a la escuela” añadió mi abuela. “No le gustaba el sistema de educación que había aquí, y pensaba que él podía educarnos mejor. Cuando terminé sexto de primaria, nos empezaron a educar en la casa. Mi papá nos mandaba periódicos de España, a veces de Francia y de Portugal también. Creo también tengo algunos periódicos alemanes.” Mi abuela no tenía internet para aprender historia europea,  para aprender otros idiomas o ver videos de gente de otros países, pero tenía periódicos. Los periódicos no sólo les sirvieron para informarse, si no que también los usaron para educarse. Redacción, geografía, política son algunas cosas que mi abuela y sus hermanos aprendieron gracias a los periódicos que su papá les mandaba desde Europa. Es difícil imaginar que alguien tenga que esperar semanas para recibir una carta, o ni siquiera poder hablar por teléfono. “A veces escuchábamos radio, pero la señal en Valles era muy mala.”

“Cuando nació tu papá, tu abuelo le habló por teléfono a sus hermanos para avisarles.” Dijo mi abuela. Mi papá nació en una época en la que era relativamente más fácil comunicarse.

“¿Veías mucho la televisión?” le pregunté a mi papá.  Él nació cuando ya era común que muchas familias mexicanas tuvieran televisiones. “Pues no mucho, sólo teníamos dos teles para siete hermanos y mis papás. Veíamos las noticias cuando mi papá estaba en la casa o películas de Pedro Infante, y algunas veces el futbol.”  Cuando mi papá era niño, las noticias aún no llegaban vía Twitter; para enterarse de lo que había sucedido en días pasados, tenían que comprar el periódico, escuchar el radio o ver la televisión, y aún así no se enteraban de lo que sucedía al momento, si no de lo que había pasado en los últimos dos o tres días. “Cuando me fui a vivir a General Bravo, Nuevo León, mi mamá me mandaba dinero vía telegrama, aunque el telegrama ya era un poco anticuado.” Esos telegramas tardaban más o menos tres días en llegar,  a comparación de hoy en día, cuando se puede hacer un depósito o una transferencia y recibes el dinero en minutos. “Ahora todo está al alcance de un click. La verdad es que aún no me acostumbro totalmente a eso. A veces siento que no se va a poder hacer el pago. Me pongo muy paranoico con esas cosas.” Bromeó mi papá, aunque yo sé que muchas veces desconfía de las transferencias electrónicas. “Cuando estaba en General Bravo a veces hablaba por teléfono con tu mamá, aunque la mayoría de las veces le escribía cartas. Era muy difícil hablar por teléfono porque teníamos horarios muy diferentes y sólo podíamos hablar muy tarde en la noche, por eso era más fácil mandarnos cartas, aunque tardáramos más en saber del otro.” Mi papá escuchaba música en estéreos, y cuando iba en la universidad, usaba un walkman para escuchar cassettes.

Pensar en la forma en la que se comunicaba la gente en la época de mi papá es más fácil que imaginarse cómo vivía mi abuela. A decir verdad, no sé cómo no se sentían aislados del mundo. O tal vez sí se sentían así. Creo que mi generación ya la tuvo mucho más fácil. Para cuando yo era niña, los teléfonos, las televisiones y los radios en casa eran indispensables. Los periódicos también llegaban a las casas todos los días sin falta y las noticias ya eran más eficaces y recientes. Me acuerdo de cuando mis papás compraron nuestra primera computadora. Yo tenía siete u ocho años, y si queríamos conectarnos a internet, no podíamos hablar por teléfono. En cuanto se descolgaba el teléfono o se recibía una llamada, se desconectaba el internet. Imposible imaginarse una videollamada por Skype con un internet así. Unos días después de que compraran la computadora, mi papá compró una enciclopedia. Mi mamá se puso furiosa porque dijo que ya no íbamos a usar los libros porque ya teníamos la computadora. Yo pensé que estaba exagerando, pero una vez más y casi como siempre, mi mamá tenía razón. Ahora esa enciclopedia usa una gran parte de un librero en mi casa, pero muchos de esos libros han sido usado una o dos veces, después de haber sido comprados hace unos doce años. Con la computadora, llegaron los CDs y desaparecieron los cassettes, y cuando entré al último año de secundaria, la mayoría de los niños de mi escuela tenían iPods o cualquier otro tipo de reproductores de mp3.

Para terminar, me gustaría hablar de mis primas más pequeñas. Angie y Dany son gemelas y tienen diez años. Cuando yo tenía diez años, estaba aprendiendo a usar el internet, en cambio mis primas, a los ocho años ya estaban totalmente familiarizadas con términos como wireless, iPod, Youtube, celular, Nintendo DS y Justin Bieber, entre otros adolescentes famosos gracias a los medios. “¿Qué harías si te perdieras en el bosque y estuvieras totalmente sola?” le pregunté a una de las gemelas. Su respuesta fue muy simple, le hablaría por teléfono a su mamá. “¿Y si no tuvieras tu celular?” Lo que me respondió a continuación fue gracioso, aunque nunca lo esperé: “Si hubiera internet inalámbrico en el bosque, le mandaría un mensaje por Facebook desde mi iPod.” Estas niñas no tienen idea de cómo funcionaba el mundo hace quince años. No tienen idea de lo que es enviar una carta y esperar semanas para recibir una respuesta, ellas escuchan el radio rara vez, sólo cuando van en el carro, eso claro, si no están escuchando un CD o si tienen un iPod conectado al auxiliar. Ellas no tienen cuenta de Twitter porque su mamá aún no las deja, pero si la tuvieran, estoy segura de que estarían informadas de todo lo que sucede alrededor de ellas justo al momento, y no tendrían que esperar a leer el periódico del día siguiente para enterarse de las noticias del día. Les ha tocado una época muy fácil, ahora no tienen que esperar casi por nada. Ya pueden hacer pagos en línea sin esperar horas en una fila, tienen toda la información que podrían querer al alcance de un click, pueden obtener noticias de cualquier medio, no sólo de un periódico o del programa de noticias que pasan en una estación de radio. Definitivamente, las generaciones de hoy no tienen excusa para no estar informados, todo les llega demasiado fácil.

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