Homosexualidad u homofobia: ¿Cuál es la enfermedad incurable?

12 May

Por: Marisol Echevarría

A través de los ojos de  Mario Vargas Llosa y de Ricardo Salazar actualmente me encuentro involucrada en algo que nunca imaginé me pudiera tener tan cautivada: la reflexión sobre la homofobia. Vargas Llosa publicó el artículo La caza del gay, en el que relata las injusticas sobre el asesinato del joven homosexual Daniel Zamudio. Ricardo Salazar nos presenta en su artículo GDL, la capital de la homofobia un análisis sobre este problema en México, refiriéndose específicamente a las marchas antigays que se llevan a cabo en Guadalajara.

Estos dos artículos me abrieron los ojos ante este gran problema que ocurre en todo el mundo, que lamentablemente es más común de lo que creemos. Como dice Vargas Llosa “los crímenes derivados de la homofobia que se hacen públicos son seguramente sólo una mínima parte de los que en verdad se cometen”.  Y la causa de este gran problema no son los homosexuales, sino los homofóbicos que cínicamente los llaman “enfermos”.

La tragedia de Daniel Zamudio

La historia que Vargas Llosa relata sucedió en Chile el pasado 3 de marzo. Cuatro chilenos golpearon severamente toda la noche al joven Daniel Zamudio de 24 años, simplemente por ser homosexual. Daniel estuvo hospitalizado por 25 días hasta que sus heridas profundas le quitaron la vida. Fue tan grande el impacto de esta injusticia que el joven Daniel es la razón que mueve a la gente para luchar contra la discriminación, y no solamente en Chile, si no en todo el mundo.

(Daniel Zamudio)

Esta noticia tuvo un gran impacto en las redes sociales. Dos días después de la paliza a Daniel, su nombre fue un trending topic mundial en Twitter, encontrándose en cuarto lugar y continuando así hasta el 5 de marzo. Para el día 24 del mismo mes, día en que Daniel seguía vivo pero en una situación sumamente delicada, volvió a ser trending topic mundial, encontrándose ahora séptimo lugar durante dos días más. La gente que “twitteaba” exigía que se hiciera justica, que se encarcelaran a los culpables que lo golpearon y que el gobierno aprobara la ley antidiscriminatoria. Los millones de tweets mostraban solidaridad hacia Daniel y su familia. Ricky Martín, el músico puertorriqueño considerado el ícono gay latino, le dedicó a Daniel el premio Gladd que ganó el 25 de marzo. Este lamentable suceso dejó una gran marca en la conciencia de la sociedad, y las redes sociales hicieron un excelente trabajo al encargarse de que todo el mundo se enterara de éste.

El jueves 10 de mayo finalmente se logró por lo que los chilenos habían luchado con tanta vehemencia desde el incidente. Se promulgó “La Ley Antidiscriminación”, mejor conocida como “Ley Zamudio” en honor a Daniel, la cual establece medidas en contra la de discriminación hacia los homosexuales. Por fin se empieza a hacer algo, por fin hay un rayo de luz de justicia.

Lo que hizo con esta historia Vargas Llosa fue una reflexión profunda sobre la inmoralidad y la violencia que pueden llegar a tener las personas, y todo por una idea completamente errónea basada en argumentos vacíos que califican a los homosexuales como inferiores. Es erróneo culpar solamente a los cuatro asesinos de Daniel pues ellos representan a una cultura, a una forma de pensar que ve a los homosexuales como gente loca y enferma. Vargas Llosa dice: “Esta idea del homosexualismo se enseña en las escuelas, se contagia en el seno de las familias, se predica en los púlpitos, se difunde en los medios de comunicación, aparece en los discursos de políticos, en los programas de radio y televisión y en las comedias teatrales donde el “marica” y la “tortillera” son siempre personajes grotescos, anómalos, ridículos y peligrosos, merecedores del desprecio y el rechazo de los seres decentes, normales y corrientes.”

En México

 La homofobia está muy presente en la sociedad mexicana. Estadísticas muestran que sólo entre 2002 y 2007 han sido asesinadas 1000 personas en crímenes homofóbicos, lo que convierte a México en el segundo país del mundo con mayor tasa de crímenes homofóbicos.

En la encuesta de CONAPRED (Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación) 2010 uno de los resultados demuestra que una de cada dos personas homosexuales o bisexuales considera que el principal problema al que se enfrentan es la discriminación, seguida de la falta de aceptación, las críticas y burlas. Además, el 44% de los encuestados señaló que siempre era necesario ocultar su orientación o preferencia sexual en la escuela, mientras que 25% señaló que casi siempre deben hacerlo. Por otro lado, el 57% expresó haber recibido agresiones por parte de sus compañeros debido a su apariencia, orientación o preferencia sexual.

El análisis de la marcha antigay que Ricardo Salazar nos presenta en su artículo se llevó a cabo en mayo del 2011 en Guadalajara. En esta marcha, una oradora dijo lo siguiente: “Este movimiento no es contra los homosexuales, a los homosexuales los queremos, pero los queremos bien, y por eso queremos darles la oportunidad de que se den cuenta que pueden curarse, volver al camino del bien.” Esta simple frase demuestra una completa ignorancia por parte de la oradora.

La homosexualidad no es una enfermedad, sino una inclinación sexual, y no es algo que se pueda “curar”, no es un error, no es un malestar. Y como bien explica Salazar, este discurso fomenta una doble moral, es decir, impulsan a que la gente tenga que esconder lo que son realmente, provocando que actúen a escondidas, y al mismo tiempo aparentando ser “normal”.  Los  organizadores de las marchas no entienden que amar a una persona no significa cambiarla, sino aceptarla. Son personas con criterios cerrados, que solo buscan sus propios intereses y no se dan cuenta de las consecuencias tan negativas que causan. Su forma de pensar solamente rompe familias, pues fomenta la idea de que si un familiar en homosexual lo correcto es desconocerlo y no brindarle apoyo para evitarse la pena y el deshonor familiar. Además, descaradamente aseguran que las reformas como los matrimonios homosexuales atentan contra la familia porque la destruyen.

Como dice Salazar: “No entienden que lo que dicen, no es una opinión personal sino que se trata de una postura indeseable que puede traer serias consecuencias al polarizar a la sociedad, consecuencias que incluyen violentar a grupos vulnerables y crear las condiciones para validar las muertes de quienes para ellos valen menos o son escoria social.” Finaliza su artículo diciendo que da pena que en Guadalajara, una tierra homofóbica, hay mas gente manifestándose contra la libertad de elegir con quien acostarse que contra la violencia.

La homofobia es completamente cultural. La religión católica nos ha enseñado que ser homosexual va en contra de la naturaleza, que es un pecado. No es extraño que México sea entonces el segundo lugar del mundo con crímenes homofóbicos, siendo este un país con mayoría de católicos.

El artículo de Ricardo Salazar, a pesar de ser  muy interesante e informativo, carece de una propuesta para solucionar el problema, por lo que lo contacté vía Twitter para ver la posibilidad de hacerle una entrevista.  Me explicó que estaba en la Feria del Libro en Los Angeles pero que a su regreso con todo gusto atendería mi solicitud. Por correo electrónico le mandé las siguientes preguntas: ¿Qué solución propondría usted para evitar que esta gente conservadora y cerrada, que no entienden y solo buscan sus intereses propios, cambien de mentalidad? ¿No cree que al ser una cuestión de cultura que viene implantada en la sociedad desde hace tiempo, en especial en generaciones mayores, es muy difícil de cambiar? En el momento en que responda, completaré esta parte del reportaje.

La verdadera enfermedad

Vuelvo a citar a Vargas Llosa, ya que define el verdadero problema que afrontan los homosexuales: la vida cotidiana “condenada a la inseguridad, al miedo, la conciencia permanente de ser considerado (y llegar a sentirse) un réprobo, un anormal, un monstruo”.

A diferencia de otros problemas, como la trata de personas o la violencia en el que la indiferencia es el peor enemigo ya que impide que se solucionen esos problemas, con la cuestión de la homosexualidad es lo que se busca. Queremos que haya una indiferencia completa hacia los homosexuales, son iguales y no hay porque tratarlos diferentes. A continuación hay un video que es parte de una campaña publicitaria portuguesa a favor de la indiferencia. Esperemos que algún día lleguemos como sociedad a ese punto de completa igualdad.

Si quieres a alguien, no trates de cambiarlo. La verdadera enfermedad no es la homosexualidad, sino la homofobia. Esperemos que sí sea curable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: