Migración: no es fácil ayudar a todos.

14 May

Por Estefanía Cabrera

 Cada año millones de personas salen de su país de origen en busca de mejores oportunidades, ya sean laborales, educativas, de expresión o económicas. En los últimos años la migración se ha vuelto un problema ya que se ha salido de las manos de los gobernantes de los países que envían más migrantes a otros países. Como es bien sabido, Estados Unidos era uno de los países que recibía más inmigrantes cada año, la mayoría de ellos entraban por la frontera con México, algunos otros por vías marítimas, como es el caso de los cubanos que llegan a Miami, o en casos muy limitados, los que tienen la oportunidad de llegar por vía aérea, lo que significa que tal vez no tengan la certeza de que encontrarán un empleo o que podrán quedarse a vivir ahí permanente, pero por lo menos tienen los documentos para llegar a Estados Unidos de manera legal.


Naturalmente, los migrantes que llegan a los Estados Unidos por la frontera con México son mexicanos, además de algunos centro y sudamericanos, sin embargo en los últimos años ha habido registros de personas provenientes de Asia, Europa Oriental y el Medio Oriente que llegan a México con la intención de emigrar a los Estados Unidos. Es difícil determinar quién tendría más dificultades para llegar a su meta, sin embargo, es claro que las adversidades siempre se le presentan a quien quiere emigrar a otro país.  Tal es el caso de Evelyn y Ronald, dos jóvenes guatemaltecos que tenían la intención de irse a vivir a Estados Unidos con su pequeño hijo.

 

Ronald y Evelyn, de 24 y 22 años respectivamente, salieron de Guatemala en julio de 2011, y a su llegada a México tuvieron que hacer lo que la mayoría de los migrantes hacen: esperar. Esperaron a que alguien los ayudara a llegar a su destino, pasaron largas horas esperando a que alguien los acercara a su destino, esperaron que todo les saliera bien. Una de las formas más comunes de llegar a la frontera de Estados Unidos es ir de tren, y es lo que Evelyn y su esposo hicieron junto con un grupo de migrantes guatemaltecos. Subieron al tren en Chiapas, sin embargo, no compraron un boleto y subieron a un vagón de tren. Como la mayoría de los migrantes, ellos no tenían dinero suficiente para comprar dos pasajes de tren, por lo que decidieron ir sobre el vagón, no dentro de éste, y así viajaron por días. En una de las paradas del tren, Evelyn decidió bajar por un momento para ir al sanitario, no pudo haber demorado mucho, tal vez diez o quince minutos, pero eso fue demasiado, ya que el tren partió antes de que ella pudiera volver. Evelyn corrió detrás del tren y casi consiguió alcanzarlo, y como cualquier esposo habría hecho en esa situación, Ronald –que estaba encima del vagón- intentó jalarla hacia arriba para que pudiera subir con él pero no lo consiguieron, si no que él cayó junto con ella. Normalmente, esto ya no sería un gran problema para las personas que viven en este tipo de situaciones, pero Ronald y Evelyn sí tenían un problema, ya que al descender del tren, habían dejado a su hijo de dos años sobre el vagón.

 

Evelyn y su esposo no tenían nada que hacer mas que averiguar cuál era el destino del tren, así que preguntaron a uno de los habitantes del pueblo cercano a donde se habían quedado y se enteraron de que la última parada del tren era en Guanajuato. Ya que no podían esperar a que pasara otro tren que los llevara a Guanajuato, salieron a la carretera a pedir aventones, y así fue como llegaron a su destino después de algunas semanas. Desesperados buscaron a alguien que les pudiera dar información sobre el paradero de su hijo, pero no es fácil llegar y preguntar si alguien ha visto a un bebé que bajó de un tren, especialmente si no sabes dónde y a quién preguntar. Después de dar vueltas por todo Guanajuato, llegaron al Ministerio Público, donde les dijeron que no se había reportado la llegada de ningún bebé a la ciudad, sin embargo, alguien había reportado al bebé en Tula, Hidalgo. Esto no fue fácil para Evelyn y Ronald, no sólo por saber que su bebé estaba en otro estado, que ni siquiera sabían qué tan lejos estaba, si no que tampoco tenían cómo llegar hasta allá. La única manera en la que pudieron llegar a Tula fue la misma en la que llegaron a Guanajuato: salieron a la carretera, caminaban y pedían aventones a quien se paraba.

 

Algunos días después Ronald y Evelyn llegaron a Tula y lo primero que hicieron fue dirigirse al Ministerio Público de esa ciudad. Grande fue su sorpresa al enterarse no sólo de que su bebé ya no estaba ahí si no en Pachuca, pero además, las personas que viajaban con ellos en el tren los habían demandado por abandono del menor. El viaje de Tula a Pachuca es de aproximadamente una hora y media, mucho menos de lo que ellos ya habían viajado en los últimos días, por lo que 85 kilómetros más no sería mucho para ellos. Sin embargo, el cansancio de semanas de buscar a su hijo, el hambre y la desesperación por no tener a nadie que los ayudara, los hizo esperar algunos días más.

 

Afortunadamente, los colaboradores del DIF en Tula ayudaron a Evelyn y a su esposo para que llegaran a Pachuca, y además, ya habían avisado al DIF estatal que finalmente se habían reportado los padres del bebé que había llegado días antes. Al día siguiente, la pareja salió de Tula rumbo a Pachuca y al llegar a la capital hidalguense se dirigieron a las oficinas del DIF para pedir que les devolvieran a su hijo. Naturalmente, ellos no habían explicado que estaban en México de paso y que su intención era llegar a Estados Unidos, sin embargo, tuvieron que explicar todo a las trabajadoras sociales cuando les preguntaron por qué habían abandonado a su hijo en un tren, con desconocidos y en un lugar que no conocían. El problema de Ronald y Evelyn es que no podían contar toda la verdad ya que en caso de explicar que querían llegar a los Estados Unidos de manera ilegal, podrían ser deportados, pero entonces ¿cómo explicarían que estaban sobre el vagón del tren?

 

“Yo sólo quiero que me dejen ver a mi hijo.” Le decía Ronald a la directora de Asistencia Social en el DIF. Cualquiera entendería la angustia de los padres de un niño de dos años que llevaba días sin siquiera saber dónde estaba, sin tener a su madre o a su padre para cuidarlo. “Por favor devuélvanoslo.” Pedía Evelyn, cansada de estar de ciudad en ciudad buscando a Carlos, el pequeño de dos años.  Ya habían pasado meses desde que los tres habían salido de Guatemala, casi medio año. El fin de año estaba cerca y Ronald y Evelyn aún no conseguían ver a su hijo. Como muchos migrantes, ellos no cargaban con muchas pertenencias, y sólo tenían la ropa que traían puestas, que para el clima frío de Pachuca no parecía ser suficiente. Evelyn tan sólo tenía un sweater y Ronald una sudadera muy delgada. Todas las personas que entraban y salían de las oficinas del DIF y presenciaban la escena de una pareja de inmigrantes llorando y pidiendo que los dejaran ver a su hijo salían pidiendo que alguien los ayudara.

 

Desafortunadamente para la pareja, no era tan sencillo que les devolvieran a su hijo, ya que cualquiera podría llegar y reclamar a un niño. Los directores del DIF y de la Casa Cuna, donde se quedaba el pequeño Carlos, pidieron que ambos se identificaran como padres del niño; pidieron el acta de nacimiento de Carlos, donde se comprobara que Ronald y Evelyn eran sus padres. “Yo no puedo regresar a Guatemala así de fácil.” Explicaba Ronald, lo que tenía sentido. Habían tardado meses en llegar a donde estaban, que no era ni la mitad del camino para ellos. Regresar a Guatemala sería tirar todo ese camino recorrido a la basura, además de que gastaría más dinero, que no tenía, para volver tan sólo por un documento. En realidad Ronald no tenía opción si quería que le dieran a su hijo. Si él y Evelyn lo querían de vuelta, tendría que volver a su país, rescatar el acta de nacimiento de su hijo y traerla de vuelta a las oficinas del DIF Hidalgo, donde estaban cuidando de Carlos y también de ellos, ya que se les había permitido que se quedaran en el albergue de Pachuca.

 

Gracias a una persona que la pareja había conocido en el Ministerio Público de Guanajuato, Ronald pudo viajar de vuelta a Guatemala y conseguir el acta de nacimiento de su hijo. Aún no se sabe con certeza quién es la persona quien los ayudó, pero se sabe que esta persona le dio dinero suficiente para que fuera y regresara rápidamente. Aún así, Ronald demoró aproximadamente dos semanas en ir a Guatemala y volver a Pachuca con los documentos. Mientras él estaba fuera, Evelyn se quedaba en el albergue, dependencia del sistema DIF, y Carlos estaba siendo atendido en la Casa Cuna, también en Pachuca. Al volver, Ronald entregó el acta de nacimiento de Carlos a las autoridades correspondientes, y ésta fue enviada al Consulado de Guatemala inmediatamente. Pasaron tres semanas antes que el DIF recibiera una respuesta del consulado. Durante estas tres semanas, Ronald y Evelyn tenían la oportunidad de ver a su hijo cada lunes y en algunos días durante la semana, pero se reportó que en muchas ocasiones, ellos no asistían a las reuniones. Al preguntarle a Evelyn por qué no iban a ver a su hijo cuando se los permitían, ella respondió que en muchas veces no fueron avisados de que podían irlo a ver, o que se habían confundido de hora o fecha. Esto confundía a los trabajadores del albergue y de la Casa Cuna, ya que Evelyn y su esposo pedían ver a su hijo el mayor tiempo posible, sin embargo, nunca se informaban de cuándo podían hacerlo.

 

La respuesta del consulado guatemalteco llegó tres semanas después y sorprendió a todas las personas que estaban trabajando en el caso de Ronald y Evelyn. El acta de nacimiento era falsa. En la carta que el consulado había enviado decía que no había ningún registro de un niño con ese nombre, ni con esos padres. A partir de esto, se podía llegar a dos conclusiones, la primera y menos probable, era que el niño nunca hubiera sido registrado ante el registro civil de Guatemala, y la segunda, que Evelyn y Ronald fueran traficantes de niños. Pareciera que esta fuera una inferencia apresurada, pero en realidad, era algo muy probable. Al preguntarle a las trabajadoras de la Procuraduría del DIF cómo era la convivencia entre Evelyn y Ronald con el bebé, ellas comentaron que Carlos era muy indiferente con ellos. “Parece que no los conoce, no muestra emociones al verlos.” Comentó una de las trabajadoras. “Carlos es muy tranquilo, pero pensábamos que cuando viera a sus papás se iba a emocionar mucho, pero no fue el caso.”

 

A pesar de esto, el DIF le dio una segunda oportunidad al matrimonio. Le pidieron a Ronald que volviera a Guatemala y consiguiera el acta de nacimiento original de su hijo y además, sus identificaciones oficiales ya que ni Evelyn ni él traían ningún tipo de documento que los identificara como ciudadanos de Guatemala. Muchos colaboradores del DIF creían que esto no era justo para ellos, ya que Ronald corría peligro al ir y volver a su país tantas veces, sin considerar también, que ellos no tenían suficiente dinero o tiempo para que viajara tanto. ¿Qué tan difícil era que le hicieran una prueba de ADN a los tres para comprobar que el bebé era de ellos? Parece una alternativa fácil y que resolvería el problema rápidamente, sin embargo, se necesitaba que un juez dictaminara la orden de una prueba, lo que no se hizo por las sospechas de que Ronald y Evelyn fueran traficantes de niños.

 

Una semana después, Ronald estaba de vuelta en Pachuca con otra acta de nacimiento y dos identificaciones, una suya y una de su esposa. Los tres documentos resultaron ser falsos. La directora de Asistencia Social, quien llevaba el caso de Evelyn y su esposo y que los había estado ayudando,  preguntó a Ronald por qué seguía entregando documentos falsos. “No puedo volver a Guatemala,” explicó él. “Estoy amenazado de muerte. Mi mamá está en la cárcel por tráfico de drogas, al igual que mis hermanos. Yo nunca he estado en la cárcel, no soy criminal.” Decía él. Parece ser que la madre de Ronald estaba en prisión por tráfico de drogas, y el cartel enemigo al cartel de su madre había amenazado de muerte a Ronald y a su familia, y por eso habían salido de Guatemala. “No tengo a nadie que me ayude en Guatemala, mis hermanos están en la cárcel o perdidos, ya no sé qué hacer. Sólo quiero que me devuelvan a mi hijo.”

 

Para este momento, había distintas instituciones que estaban interviniendo en este caso. La Comisión de Apoyo al Migrante, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, Migración, una asociación religiosa y una colaboradora del Sistema DIF estaban a favor de Ronald y Evelyn, pero era muy difícil apoyarlos después de darse cuenta de la situación de ambos. El matrimonio tenía que asistir a la oficina de Asistencia Social frecuentemente, pero después de que Ronald explicara lo que sucedía con su familia, nunca se volvió a presentar. “Ronald está en Houston,” Dijo Evelyn a la directora de Asistencia Social del DIF en una de sus reuniones. “Ayer me habló por teléfono y me dijo que estaba en Piedras Negras, pero que hoy iba a llegar a Houston.” Claramente, Evelyn no tenía ni idea de qué tan lejos está una ciudad de otra, y parecía no entender que su esposo la había abandonado en un país desconocido, sin tener a nadie que la ayudara, pero ese no era el único problema que tenía Evelyn. “Creo que estoy embarazada.” Le confesó a todos. “No le quería decir a nadie, pero me he sentido muy mal y ya sé cómo es cuando estás embarazada.”

 

En una entrevista con Evelyn, ella confesó que tenía otros dos hijos además de Carlos, si es que en realidad era su hijo. ¿Dónde están estos niños? ¿Por qué los dejaría en Guatemala, sabiendo el peligro que corrían? “Mi mamá me quitó a mi hijo más grande, que tiene siete años. El otro tiene cuatro, y lo tiene mi suegra, decía que yo no lo podía cuidar.” Pero, ¿acaso su suegra no estaba en prisión? “Ah, es que esos dos niños no son hijos de Ronald, son hijos de otro hombre. Carlos es mi primer hijo con Ronald.” Si Evelyn tiene veintidós años, y su hijo mayor siete, significa que lo tuvo cuando tenía quince años, lo que no es imposible, sin embargo, poco probable. “La verdad es que no sé dónde estén los niños, porque tiene mucho tiempo que no los veo.” Es muy difícil si Evelyn estaba siendo honesta, algunos llegaron a pensar que ella había vendido a sus hijos. En realidad, había tres hipótesis, la primera era que Evelyn había vendido a sus hijos y que era lo que planeaba hacer con Carlos, la segunda, que era traficante de órganos y la tercera, que traficaba niños y que junto con Ronald, estaba llevando a Carlos a Estados Unidos para hacer negocios a cosa suya.

 

Cuando los coordinadores del DIF se enteraron que Evelyn estaba embarazada, mandaron hacerle estudios de laboratorio para ver el estado en el que se encontraba el bebé, asegurarse de que estuviera sano y Evelyn también. Ella no tuvo que pagar ninguno de estos estudios, tampoco el hospedaje -ya llevaba alrededor de tres meses viviendo en el albergue de Pachuca- y menos aún la alimentación. Durante todo este tiempo, no podían comprobar que Carlos fuera su hijo, ya que aún no habían autorizado las pruebas de ADN y aún no entregaban documentos originales y válidos, por lo que Evelyn continuaba viviendo del DIF y Carlos seguía en la Casa Cuna de Hidalgo.

 

Como en muchas organizaciones, había problemas internos en el DIF, lo que causó el despido de la directora del albergue mientras Evelyn se quedaba ahí. Usándola como una manera de desquitarse con el resto de sus colegas de trabajo, la ex directora del albergue intentó convencer a Evelyn de que demandara a la persona que estaba llevando su caso en el Ministerio Público y a quien la estaba ayudando por parte del DIF, la directora de Asistencia Social. Evelyn no hizo esto voluntariamente, ya que ella no ganaba mucho al hacer esto, sin embargo, en su desesperación, y después de que le ofrecieran siete mil pesos para hacerlo, Evelyn levantó las demandas. Aún no se sabe para qué quería ese dinero, ya que en realidad no lo necesitaba porque no pagaba por nada de lo que le proporcionaban. Existe la posibilidad de que le haya mandado el dinero a Ronald, o de que lo usara para viajar.

 

Como era de esperarse, levantar demandas en contra de las únicas personas que la estaban ayudando, no le trajo nada bueno, ya que toda la ayuda por parte del DIF y del Ministerio Público de Hidalgo le fue retirada casi instantáneamente. ¿Por qué alguien la ayudaría después de que ella los demandó? Era como una prueba de que Evelyn no quería o no necesitaba su ayuda. A pesar de esto, no podían dejar a Evelyn desamparada, por lo que el DIF estatal solicitó que los organismos de ayuda a inmigrantes y refugiados se hicieran cargo de ella, porque además, llevaba ya alrededor de seis meses viviendo en el país de manera gratuita y el asunto había dejado de ser materia local, si no federal e internacional. Antes de que Evelyn saliera del albergue de Pachuca, tanto las organizaciones que la ayudaban como el DIF intentaron localizar a Ronald para informarle que su esposa no estaría más en Pachuca, desafortunadamente, nadie consiguió localizarlo.

 

Carlos y Evelyn fueron trasladados a la Ciudad de México y hoy en día el pequeño está en una Casa Cuna del DIF nacional, pero no se sabe dónde está Evelyn, ya que esa información no puede ser revelada. Hasta el día de hoy no se ha podido comprobar que Carlos en realidad es hijo de Ronald y Evelyn, ya que aún no se ha tramitado el estudio de ADN y es imposible conseguir documentos de cualquiera de los tres. Es importante que se compruebe si Evelyn y su esposo son inocentes de todas las acusaciones que se han hecho a lo largo de estos meses, para que así ella pueda ir a buscar a su marido, quien está en Estados Unidos ilegalmente, según ella. En caso de que no sean inocentes, es de aún mayor importancia, ya que se tendrán que tomar las medidas necesarias y encontrar la forma en la que ambos operaban y se encuentren a todas las personas involucradas.

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